miércoles, 21 de enero de 2015

Cuándo mis sueños cobraron vida.

Todo empezó un día como otros tantos de verano, mi imaginación carecía de ideas pero mi mente ansiaba gritar todo lo que mi boca no podía, y unirse a mi corazón en un festival de sentimientos.

Era de noche, y mi tendencia a ponerme nostálgico cuando el sol se pone me servía de fuente de inspiración en mis días más oscuros, fue por esto por lo que de nuevo decidí comenzar a escribir, ya que sólo la idea de plasmar mis vivencias en el papel lograba estremecerme.

Decidido a escribir, tenía las ganas, pero seguían faltando ideas e imaginación que me hicieran volar, sentirme vivo de nuevo entre aquellas historias de amor en las que no hay ningún perdedor; aquellas en las que sueñas con vivir algún día, con la esperanza de escapar del desamor, que tanto persigue y atormenta a los viajeros rezagados faltos de esperanzas por subsistir en aquel tentador y mortal juego, que aunque resulta imposible de ganar, te es más imposible escapar.

Dispuesto a emprender el viaje, partí a la aventura, puesto que nadie sabe que me depararía o incluso vendría después, pero más nublado es el futuro de alguien que ni siquiera lo intenta, ya el fracaso solo resulta absoluto cuando decides rendirte antes de empezar.


Deberás partir, perseguir el viento, que no te atemoricen los peligros del camino…’


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