Todo empezó un día como otros tantos de verano, mi imaginación
carecía de ideas pero mi mente ansiaba gritar todo lo que mi boca no podía, y
unirse a mi corazón en un festival de sentimientos.
Era de noche, y mi tendencia a ponerme nostálgico cuando el sol se
pone me servía de fuente de inspiración en mis días más oscuros, fue por esto
por lo que de nuevo decidí comenzar a escribir, ya que sólo la idea de plasmar
mis vivencias en el papel lograba estremecerme.
Decidido a escribir, tenía las ganas, pero seguían faltando ideas
e imaginación que me hicieran volar, sentirme vivo de nuevo entre aquellas
historias de amor en las que no hay ningún perdedor; aquellas en las que sueñas
con vivir algún día, con la esperanza de escapar del desamor, que tanto
persigue y atormenta a los viajeros rezagados faltos de esperanzas por
subsistir en aquel tentador y mortal juego, que aunque resulta imposible de
ganar, te es más imposible escapar.
Dispuesto a emprender el viaje, partí a la aventura, puesto que nadie sabe que me depararía o incluso vendría
después, pero más nublado es el futuro de alguien que ni siquiera lo intenta, ya el fracaso solo resulta absoluto cuando decides rendirte antes de empezar.
‘Deberás partir,
perseguir el viento, que no te atemoricen los peligros del camino…’
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